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Fecha24/11/2012

Punto lila

25 de Noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres

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La Presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia, Ana Madariaga, nos recuerda con motivo del 25 de Noviembre, Día Internacional contra la Violencia hacia las Mujeres, a través de un artículo de opinión, que pese a las activas políticas públicas, los datos de la cruda realidad no permiten ser optimistas ni a nivel global ni aquí mismo, en lo que respecta a esta lacra social que representa el maltrato sexista. En 2011 se produjeron 2.747 casos de maltratos en Bizkaia, un 17% más que un año antes. Como viene siendo habitual por estas fechas, el Parlamento de Bizkaia luce el punto lila como símbolo de su rechazo a este tipo de violencia. Es bueno que esta sinrazón no quede en el olvido porque todavía “falta mucho” por hacer. Por eso, Madariaga aboga por rebelarse frente a la “rutinización” de esta violencia.


UN AÑO DE 2.747 DIAS

Un ya lejano 25 de Noviembre de 1960 las hermanas Mirabal fueron asesinadas en República Dominicana. Fue un crimen político. Antes, las tres activistas fueron reiteradas veces encarceladas, violadas y torturadas por el régimen dictatorial del sátrapa Rafael Leónidas Trujillo, quien ya antes había hecho desaparecer en Nueva York al vasco Jesús de Galíndez. Mañana, 25 de Noviembre, es el “Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra las mujeres”. La Asamblea General de Naciones Unidas acordó en 1999 instaurar esta fecha como recuerdo de aquel asesinato político.

Cada vez más no hay fecha en el año que no lleve un calificativo unido a una causa justa. Los días internacionales han proliferado más y más. A pesar de la sobreabundancia, suelen ser útiles para remover las conciencias y provocar la reflexión sobre problemas que sin este impulso apenas podrían aflorar. Sida, euskera o lucha contra el cáncer de mama llegan así estas semanas a los medios de comunicación. Esta conmemoración internacional contra la violencia de género sirve cada año para hacer aflorar campañas, estudios, charlas, reflexiones,…para un año que se queda sin suficientes días para luchar por la eliminación de la violencia contra las mujeres.


De la intimidad doméstica a la denuncia social

Han pasado décadas desde aquellos asesinatos cometidos en República Dominicana. La realidad de la violencia contra las mujeres no ha decrecido, pero sí se han visto modificados sus perfiles, al menos, en nuestro país. Permítanme apuntarles un ejemplo real que estos días me contaba un buen amigo para situarnos en el pasado reciente de la violencia machista en Euskadi.

Largos años de dictadura franquista. De una u otra forma la violencia impregnaba todos los ámbitos sociales y políticos, desde la educación hasta la familia. Un matrimonio con familia numerosa de las de entonces. Un marido de la “Situación”. Exceso de alcohol. Gritos. Malos tratos habituales. Golpes y moratones. Niñas y niños también víctimas de las palizas. Muchas noches la mujer, cargada con toda la prole, escapaba de la casa familiar para dormir en uno de aquellos lavaderos comunitarios, hoy ya desaparecidos. Un drama “íntimo” que duró toda una vida hasta la muerte del maltratador, ya muy anciano y cuidado por su mujer e hijas. Una violencia “doméstica”, conocida por vecinos y familiares, nunca denunciada en aquella sociedad franquista en la que la desigualdad entre hombres y mujeres era una de las bases del régimen dictatorial, pero que no existía más allá de su aparición en las páginas de “El Caso”.

Con la desaparición de Franco, afortunadamente muchas situaciones fueron cambiando. En nuestro país la violencia “doméstica” ha dejado paulatinamente el ámbito privado y familiar para visibilizarse socialmente y a través de los medios de comunicación. Quienes desde el “buenismo social” pudieran pensar que estábamos ante una causa educacional que desaparecería con las nuevas generaciones, se equivocaron. Las estadísticas son machaconas e indican que la violencia de género se sigue reproduciendo entre los jóvenes.

Las propias Naciones Unidas son taxativas al respecto: “la violencia contra las mujeres no se confina a una cultura, región o país específico. Las raíces de la violencia contra la mujer yacen en la discriminación persistente contra las mujeres. Hasta el 70% de las mujeres experimenta violencia en el transcurso de su vida. Se calcula que a nivel mundial, una de cada cinco mujeres se convertirá en víctima de violación en el transcurso de su vida. Las mujeres de entre 15 y 44 años de edad corren mayor riesgo de ser violadas o maltratadas en casa que de sufrir cáncer, accidentes de vehículos, guerra y malaria”.


Energía joven contra el machismo

En su reciente programa electoral, el Partido Nacionalista Vasco marcaba concretos compromisos e iniciativas para erradicar la violencia de género. Los principios que tratarán de marcar la política del gobierno de Iñigo Urkullu dejan claro que “la desigualdad de género representa uno de los principales retos sociales, constituyendo la violencia machista su máxima y más brutal expresión. Debemos volcar todos los esfuerzos posibles en poner fin a la violencia machista, intensificando la labor de concienciación social en el rechazo de la violencia contra las mujeres, especialmente entre las y los jóvenes y a través de cualquier medio de expresión. Para lograrlo, es necesario fortalecer las iniciativas puestas en marcha y ofrecer nuevas estrategias que doten a las personas jóvenes de herramientas y recursos para que puedan conocer y reconocer la violencia sexista y combatirla, trabajando en la educación, en la prevención de comportamientos sexistas y animándoles a adoptar un papel activo ante todo tipo de agresiones”.

El Secretario General de Naciones Unidas, Ban Ki-moon, incidía hace ahora un año en esta misma línea argumental: “Nos hemos propuesto asegurarnos de que el mensaje de “tolerancia cero” llegue a todos los rincones. Para lograrlo, hemos de implicar a toda la sociedad, y especialmente a los jóvenes. En particular, se ha de alentar a los niños y a los jóvenes a ser los impulsores del cambio que necesitamos. Hemos de promover modelos de masculinidad saludables. Siguen siendo demasiados los jóvenes que crecen rodeados de estereotipos masculinos desfasados. Con solo hablar con sus amigos y compañeros sobre la violencia contras las mujeres y las niñas, y poner de su parte para acabar con ella, pueden contribuir a desterrar un comportamiento arraigado desde hace generaciones. En este Día Internacional –concluía el pasado diciembre- insto a los gobiernos y asociados en todo el mundo a que aprovechen la energía, las ideas y el dinamismo de los jóvenes para ayudarnos a poner fin a esta pandemia de violencia. Solo entonces viviremos en un mundo más justo, pacífico y equitativo”.

A pesar de las activas políticas públicas, los datos de la cruda realidad no permiten ser optimistas ni a nivel global ni aquí mismo, en lo más cercano. Según el Observatorio de la Violencia de Género en Bizkaia, cada día se realizan seis denuncias en nuestro territorio histórico. En 2011 se han producido 2.747 casos de maltratos en Bizkaia, un 17% más que un año antes. En lo que llevamos de 2012 en el Estado español son ya 50 las mujeres asesinadas. Los números no permiten interpretaciones tranquilizadoras.


No a la “rutinización”

Es evidente que falta mucho para lograr el reto de acabar con la violencia contra las mujeres, contra esa indefensión y pérdida de dignidad en las relaciones personales, sin escape, ni refugio en el ámbito más familiar y cercano. Queda muchísimo por hacer, pero me gustaría subrayar que debemos rebelarnos frente a la “rutinización” de esta violencia.

Aunque no es fruto de una observación empírica y científica, tengo la sensación de que la violencia de genero empieza a dejar de ser noticia. Los periodistas dicen que suele suceder con todo aquello que parece ser crónico y rutinario. Sin novedad y una cierta sorpresa no hay noticia. Otros temas ocupan las primeras planas como si de “modas pasajeras” se tratara. Podría parecer que el hueco de la violencia contra las mujeres fue ocupado después en los medios por el robo de bebes en el franquismo o, ahora más recientemente, por la dramática situación generada por los desahucios de viviendas. Los problemas permanecen, se terminan por cronificar. Poco a poco, sin aparente justificación, merma su presencia en los medios de comunicación.

Desgraciadamente serán imprescindibles sucesivas nuevas actuaciones de sensibilización y apoyo encaminadas a erradicar la violencia contra las mujeres. Desde la coordinación institucional se hace imprescindible impulsar la eficiencia y eficacia en la atención a miles de víctimas. Aprobar una ley de víctimas de esta violencia, con medidas concretas para su resarcimiento económico y moral, así como para su reconocimiento social, es uno de los retos inmediatos en Euskadi.

ANA MADARIAGA UGARTE
Presidenta de las Juntas Generales de Bizkaia